viernes, octubre 06, 2006

Anthony Bourdain: No Reservations

Photobucket - Video and Image Hosting



Como es bien sabido por todos, la vida no es más que una corta y estresante carrera hacia la muerte. Si bien muchos no se quejan y dicen estar felices durante su efímera existencia, la mayoría necesita un escape para alejarse, así sea por un momento, de la inconsolable realidad que los abruma. Hobbies le llaman a estas vías de escape. Ahí tenemos cosas como la música, el cine, el baile, la necrofilia, los libros, Internet, o el basuco. En fin, podría mencionar muchas cosas más, y entre ellas algunas que disfruto, pero en definitiva lo mío es la Televisión, o TV que abrevian.

Ahora que acabo de escribir esta introducción, me doy cuenta que si usted ha leído hasta acá, está esperando una descripción más o menos general sobre mis gustos y hábitos televisivos. Pues no, de malas, lo que viene es un post sobre UNO solo de mis gustos televisivos, y si queda tiempo, sobre una revista que me encanta.

Bueno, habiéndome liberado del problema de una introducción engañosa, y después de dos párrafos innecesarios, les presento el tema del post: Programas culinarios... o más bien Anthony Bourdain.

A mí me gusta mucho comer pero mis gustos gastronómicos son bastante prosaicos y no sé cocinar más allá de unas Zucaritas con leche. Sin embargo, después de tanto ver TV, he deasrrollado una atracción casi fetichista hacia los programas de cocina, en especial los de Discovery Travel and Living (tremendo canal). Y pues ahí descubrí que mi tercer ídolo, junto con Thom Yorke y Zinedine Zidane, se llama Anthony Bourdain.

El caso es que el tipo tiene un programa llamado Anthony Bourdain: No Reservations en el que viaja por todo el mundo explorando la gastronomía típica de cada país. Hasta aquí todo suena muy normal. Las cosas se hacen más interesantes cuando uno se da cuenta de que el anfitrión no es cualquier soporífero Héctor Mora sino un Neoyorquino acérrimo, cínico y sarcástico (algo así como un cachaco del siglo XIX pero con malos modales) al que no le da pena criticar lo que no le gusta y que es capaz de meterse a la boca el corazón aún latente de un cobra.

Bourdain era un desconocido chef más o menos competente en el circuito restaurantero Neoyorquino hasta que hace unos años escribió un libro donde hablaba de su turbio pasado de drogas y excesos en las cocinas y destapaba ciertas prácticas poco saludables de la industria restaurantera. Todo el mundo, incluyéndome hace poco, compró el libro y el tipo se hizo famoso. Así no más, y de una vez, tenga, aquí está su programa de TV.

Anthony le dedica cada capítulo de su show a un país o una región de un país en particular donde prueba de todo (de todo es de todo). El tono general del show promueve la diversidad de culturas y se opone a la globalización estandarizante pero está matizado por muchos comentarios agresivos e insensibles muy típicos de cualquier gringo olvidado en la Gran Pradera. Con todo y eso los programas siempre terminan en una nota positiva, destacando la grandeza de la especie humana o alguna babosada de esas.

Las cosas cambiaron hace un par de meses cuando Anthony viajó a Beirut a hacer su programa. Apenas en el segundo día de filmación se encontraba él caminando con su anfitrión Libanés quien se vanagloriaba de la tolerancia que ahora imperaba en la ciudad, cuando salió a su paso una caravana de Hezbollah celebrando la captura de dos soldados Israelíes. Lo que pasó durante el siguiente mes todos lo vimos con asepsia por CNN.

El programa (que se emitió por Discovery Travel and Living el miércoles) pues dejó de ser una crónica culinaria para convertirse en un recuento de los sentimientos de impotencia, incertidumbre y desesperanza que se apropiaron de Bourdain y su equipo al ver el horror que sucedía ante sus ojos. Lo interesante es que no tomaron partido por ninguno de los dos bandos, y más que hacer un informe periodístico sobre los bombardeos, enfocaron el programa hacia su propio drama personal al sentirse atrapados y sin salida. Al fin, después de varios días, son evacuados y el programa termina, pero a diferencia de los otros capítulos de la serie la reflexión final no es feliz ni esperanzadora.

Termina con esto:

"In the few years since I started to travel this world, I found myself changing. The cynical world view of a man who had only seen life through the narrow prison of a restaurant kitchen had altered. I've been so many places, I've met so many people from wildy diverging backgrounds, countries and cultures. Everywhere I've been, I've been, as in Beirut, treated so well. I've been the recipient of so many acts of kindness from strangers. And I began to think that no matter where I went or who I sat down with, food and a few drinks always seemed to bring people together. That this planet was basically filled with good and decent people doing the best they could if frequently under difficult circumstances. That the human animal was perhaps a better and nicer species than once I thought. I'd begun to believe that the dinner table was the great leveler, where people from opposite sides of the world could always sit, and talk, and eat, and drink, and if not solve all of the world's problems, at least find for a time a common ground. Now I'm not so sure. Maybe the world is not like that at all. Maybe in the real world, the one without cameras and happy food and travel shows, everybody, the good and the bad together, are all crushed under the same terrible wheel. I hope, I really hope I'm wrong about that."

¡Ouch!

Buenas noches y dulces sueños.

El programa lo repiten este domingo a las 7 pm y lo dan todos los miércoles a las 9 pm por Discovery Travel and Living.
No hubo tiempo para lo de la revista

Imagen tomada de
aquí