domingo, diciembre 11, 2005

12. CU-CU-TA


Y aquí estoy otra vez. Ha pasado una semana y media, he estado muy enfermo y tenía un post a medio escribir para hoy. Pero hoy no va ese. Hoy escribiré clichés porque hoy no me importa y porque hoy se acabaron nueve largos años de agonía (ahí está el primero). El equipo que sigo en el deporte que a todos aliena, el doblemente glorioso Cúcuta Deportivo, dejó hoy el infierno de la segunda división al menos por un año.
Aciagos fueron aquellos días al final del milenio cuando aparecíamos 100 personas a ver los deshonrosos partidos del recién descendido equipo. Infeliz fue la despedida de un grande como Arnoldo Iguarán cuando un estadio casi vacío lo vio correr por última vez. Desgraciados aquellos años en que el equipo desapareció, apareció con otro nombre, cambió de sede, volvió, fue destrozado por sus dirigentes y perdió el apoyo de la gente. Maldito el día en que un puñado de jugadores Vallenatos vendió su honor para permirtir que el Real Cartagena se burlara de todo un país. Fue un pesadilla tan infausta e increíble que merecía una redención no menos sublime.
Yo no iba a ir hoy al estadio. Yo quería ir a la tribuna occidental numerada y me fue imposible conseguir boletas. Sin embargo, un amigo me consiguió hoy un par de boletas numeradas revendidas que mi tío y yo adquirimos con gusto ($60000 por boleta cuando su precio original era $50000). El puesto que conseguimos fue bastante malo porque estaba muy cerca del nivel del piso y muy cerca a uno de los extremos de la cancha. Pero no importaba, estábamos en el estadio.
Empezó el partido, y como era de esperarse, el Cúcuta se volcó a conseguir el gol del triunfo. Pero no llegó. Hubo ganas pero también mucho desorden y se notó la ausencia de un armador. Pasaban los minutos y el Bajo Cauca se limitaba a defenderse y el Cúcuta a desesperarse. Se acabó el primer tiempo y no se veía salida. No puedo hacer apreciaciones sobre el partido en sí porque mi puesto de verdad era muy malo.
El segundo tiempo fue igual que el primero. Cúcuta iba pero nada. Centros y centros y centros pero nada. Voluntad y nervios pero nada. El estadio estaba callado y nervioso porque se presagiaba una definición por penales, cosa que nadie quería. Sin embargo, a los 15 minutos, cuando las cosas iban de mal en peor, sucedió algo tan increíble que fue suficiente para devolverle la fe a todos los que lo vimos.
Como salido de alguna opera prima Hollywoodense, un arco iris se empezó a levantar desde el sur por encima del estadio (ver foto). Con paso lento pero seguro no vaciló en llenar el cielo Cucuteño y en el minuto 30 se dejó ver en todo su esplendor. El arco iris se alzaba en el extremo sur de oriental y desaparecía en el punto equivalente del extremo norte de la misma tribuna. Fue algo hermoso y esperanzador.
El gol llegó, como tenía que llegar, en el minuto 41 con el arco iris sobre el estadio. El publicó reventó y los últimos cinco minutos se vivieron en todo el estadio de pie, saltando y gritando. El árbitro pidió el balón, acabó el partido y de un tajo se olvidaron los últimos nueve años. Hoy es un día para la historia. Sin embargo los años pasarán y yo con seguridad olvidaré los jugadores, el marcador y el puesto en el que estaba. Todo menos el arco iris.
Gracias Cúcuta Deportivo.