lunes, noviembre 14, 2005

8.1. Valerie Domínguez Tarud

Sólo un comentario:
Cuando yo era chiquito (como hasta los 11 años) mordía el anzuelo mediático del reinado todos los años. Me obsesionaba con el cuento. Mi mamá estaba suscrita a Cromos y yo leía y releía el minicromos hasta que me aprendía la comida favorita de las reinas. Crecí y como es obvio le perdí el interés y me di cuenta de lo absurdo que era todo el circo que se montaba alrededor del concurso.
Sin embargo, sólo hasta hoy, hace 10 minutos cuando vi la elección de la niña de Atlántico, me di cuenta de algo que antes me parecía normal pero que al analizarlo resume el extremo grado de estupidez, tropicalismo, falsedad y falta de identidad de este show. ¡A la ganadora le dan una corona! ¡y un cetro! lo que constituye el más disparatado intento de emulación de nobleza en un país que nunca la ha tenido pero que la desea con ansia. ¡Viva el TLC! Nuestra cultura es de mentiras.
Buenas noches y dulces sueños.
Ojo con el visitante 2000.

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